#Ewoman 2018 y el careto que se te queda cuando recibes un premio

Premio Ewoman Arte digital y redes sociales: Alba García

Cuando un@ “se viene arriba” y reúne el valor necesario para emprender, lo último que piensa es que algún día, su esfuerzo será recompensado con un premio… Pues, para mi sorpresa, el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tuve el honor de recibir el galardón EWoman de ‘Arte Digital y Redes Sociales’ por el trabajo realizado … Leer más#Ewoman 2018 y el careto que se te queda cuando recibes un premio

¡La Boombilla cumple un año!

La Boombilla cumple un año

Cuando estamos ocupados, el tiempo vuela. ¡Y si no, que me lo digan a mí! Hoy he llegado a la oficina, he revisado mi agenda y cuando me he parado a mirar el día que marca el calendario, casi no podía creerlo. ¡La Boombilla cumple un año!

Ha pasado oficialmente un año de aquel “mamá, papá, quiero ser freelance”.  Quizás fue una de las decisiones más complicadas que he tomado en mi vida: salir de la zona de confort y asumir esta aventura, pero, un año después, no puedo sentirme más orgullosa de haberlo hecho. La semana pasada celebraba mi 30 cumpleaños y no pude evitar pensar en aquel deseo que tenía cuando aún estudiaba en la universidad, de trabajar para mí misma antes de poner un pie en la tercera década. No fue algo milimétricamente planeado, pero al final las cosas salieron así de manera natural: simplemente sentía que era el momento de hacer algo nuevo por mí misma, y de pronto fue como si las dudas se disiparan entre una espesa niebla, haciéndome ganar seguridad.

Por aquel entonces no era plenamente consciente de todo lo que aquella decisión significaría. Y quizás por eso la tomé con tanta seguridad (¡bendita ignorancia!). Sí perdí más tiempo del que me huebiera gustado en tratar de imaginarlo (qué le voy a hacer, siempre he sido una soñadora) pero la realidad siempre supera a la ficción y hasta que una no experimenta en primera persona eso de “parir” una idea y luchar por hacerla viable, resulta prácticamente imposible ponerse en situación.

Hace un año era incapaz de imaginar la gran cantidad de noches en vela que se me venían encima, los dolores de espalda, el estrés por llegar a tropecientos mil asuntos diferentes a tiempo en  los meses de temporada alta… Pero tampoco sospechaba lo mucho que esta experiencia me haría crecer personal y profesionalmente. Y es que, cada uno de los trabajos que este año he llevado a cabo, me ha dado la oportunidad de luchar por sacar lo mejor de mí misma: por actualizarme constantemente (el sector de la comunicación avanza a un ritmo cada vez más frenético), por aprender a enseñar, por ser más creativa, más paciente, más realista; por trabajar sin descanso hasta hallar una solución a cada problema, y sobre todo, por ser diferente y capaz de reinventarme una y otra vez.

365 días de aprendizaje

Si tuviera que definir este año con una sola palabra, eligiría “aprender”. Porque hace un año, tampoco calculaba lo rápido que tendría que adaptarme a tantas nuevas situaciones. He tenido que aprender a venderme a mi misma -probablemente una de las asignaturas que más me han costado-, a valorarme más como profesional y a desconectar de vez en cuando -parece fácil, pero no lo es en absoluto-. También he tenido que aprender a desechar ideas (¡con lo que cuesta verlas irse por donde vinieron!), a seleccionar proyectos, y escoger únicamente aquellos con los me siento cómoda…

Pero sin duda, lo más importante que he aprendido es a mirar atrás con perspectiva y a ser agradecida. Nunca habría llegado hasta aquí sola, y por ello quiero dar las gracias a esos primeros clientes que confiaron en mí (algunos de ellos se han convertido en grandes amigos); a esas personas que me tendieron su mano desinteresadamente; a Marina, que se subió al carro de este proyecto cuando ya estaba en marcha y no tardó en alcanzar la velocidad de crucero; a todos los colaboradores que he encontrado por el camino y con los que he disfrutado tanto trabajando; a Ana, mi gestora: por su infinita paciencia y su gran capacidad para explicarme cada proceso legal en lenguaje de rubias; a Hugo, que, además de pintar y taladrar dos oficinas, ha arrojado mucha luz a esta aventura en los momentos de mayor oscuridad, y por supuesto, a todos mis incondicionales (familia y amigos), que siempre están ahí para sacarme una sonrisa o hacer un poco de terapia dándole a la sinhueso.

Ha sido un año explosivo y la aventura continúa. ¿Qué nos deparará el 2018? Tiene pinta de que también será entretenido. 😉

 

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“Haz algo que te dé miedo cada día”

Haz algo que te de miedo todos los días

Una vez leí una de esas frases motivacionales que tanto me gustan que decía: “haz algo que te dé miedo cada día”. Entonces pensé que era algo exagerado tener que enfrentarnos a nuestros miedos a diario. Claro que, entonces, no había iniciado mi aventura emprendedora… Desde que nació La Boombilla cada día es un nuevo … Leer más“Haz algo que te dé miedo cada día”

“Mamá, papá: quiero ser freelance”

papá, mamá: quiero ser freelance

De los creadores de: “Quiero estudiar periodismo”, llega…”¡Mamá, papá: quiero ser freelance!”

No os imagináis el mal trago que se llevaron mis padres cuando les conté la decisión de dejar mi trabajo para lanzarme al mundo de la comunicación por mi cuenta… Sí, me refiero a eso de de ser “frelance”, que a ellos aún les suena a cuento chino.

La verdad es que también me llevé una sorpresa con la cantidad de amigos y compañeros que, tras dar la noticia, me miraron como si estuviera contándoles que me quiero casar con mi gato.  En cierto modo lo comprendo: soy consciente de que hoy en día es toda una suerte tener un empleo estable. Si encima ese trabajo está relacionado con tus estudios y tienes buenos compañeros a tu lado, la decisión de dejarlo todo para luchar por tus sueños, se vuelve un poco complicada.

Así que durante un tiempo, mi balanza de decisiones se inclinó por continuar viviendo dentro de la famosa “zona de confort”. Pero a quién queremos engañar. Todos sabemos que los que nacimos a partir de los 80 tenemos el gen del “culillo de mal asiento” (o búsqueda constante de retos, como lo queráis llamar). Lo cierto es que la idea ya llevaba rondándome en la cabeza casi dos años. Siempre quise saber cómo sería crear una empresa (o sucedáneo) partiendo de cero.  Y en este punto, queridos amig@s, me encuentro yo ahora.

El precipicio y el vértigo

Por extraño que parezca, una vez consigues tomar la decisión, comienzas a ver cómo el precipicio que desde lejos parecía diminuto, multiplica su tamaño hasta el punto de erizar tu piel, del vértigo que te produce mirarlo. Y ahí estás tú: sola ante el precipicio y con la adrenalina a flor de piel.  Y es precisamente esa adrenalina la que te empuja a seguir trabajando, a saltar sin saber si tu paracaídas se abrirá. Diría que es una sensación similar a la de estar enamorado. Al menos los síntomas coinciden: las mariposas en el estómago, la ilusión, el no quitarte a ese alguien (o algo, en este caso) de la cabeza… Es una fuerza que hasta hoy, nunca habría imaginado poseer.

Y con esa fuerza extraordinaria como compañera de viaje (sé que esto me ha quedado muy Star Wars), me armo de valor y consigo mirar fijamente al vacío. Un cosquilleo sacude mi estómago, y tengo la sensación de que todo va a salir bien. Soy consciente de que el camino no será de rosas. Incluso es probable caer en algún que otro agujero negro, al igual que cayó Alicia, antes de llegar al país de las maravillas. Pero cuento hasta tres y salto. Uno…dos…Tres. Agárrense, que vienen curvas.

Que la fuerza te acompañe

 

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